Cultura de innovación, ¿cultura de descontrol?

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Por Nancy Marcos

En los últimos años la innovación se ha hecho tan popular como en los noventas fue la calidad total. La comunidad de negocios en el mundo entero ha adoptado un lenguaje común en torno a ella y ha logrado democratizar el concepto haciendo que éste se perciba como accesible. Ha pasado de ser un deseo lejano para convertirse en la nueva estructura corporativa de muchas empresas. En la búsqueda de resultados innovadores se cambian las reglas y las métricas, se hacen inversiones importantes en maquinaria y gente, incluso se crean nuevos departamentos.

El problema es que a vuelta de año, en la mayoría de los casos, nada dramáticamente distinto sucede en las organizaciones. Esto como consecuencia de la falta de una visión profunda sobre el cambio y las expectativas que se generan alrededor del mismo. En el caso de la calidad, los procesos y resultados son medibles y las expectativas claras. Con la innovación no sucede lo mismo porque su naturaleza es abstracta, tiene inicio pero no un fin concreto, y a pesar de que es un proceso gestionable, sus resultados se encuentren siempre situados en el futuro. Por lo anterior, las start ups y PyMEs encuentran más fácil innovar que las grandes corporaciones. El reto está en dejar que la innovación suceda, que se geste desde adentro. Para esto no es suficiente cambiar el discurso, o modificar ligeramente la estructura, la innovación es un tema de cultura.

¿Por qué no todas las empresas son como Google? Es bien conocida la cultura de Google y los resultados de la misma; es altamente deseable no obstante muy difícil de imitar, ¿por qué? La respuesta es simple pero no sencilla, el secreto está en adoptar la filosofía del descontrol. Como asegura Nassim Nicholas Taleb “son las dificultades las que despiertan al genio”. Las empresas que son capaces de permitir un poco de caos, que le dan cabida al error y que aprenden a fortalecerse de este ambiente son las que logran sobresalir.

Hablar de tal cambio cultural es un reto muy ambicioso, lo importante es empezar con pequeñas acciones que vayan sumando a la transformación global de la visión. No es necesario hacer grandes inversiones, es cuestión de empezar interviniendo 5 recursos básicos actuales y jugar con ellos de una forma distinta para que, de forma paulatina y no dolorosa, suceda la transformación:

El lenguaje: Uno de los errores más comunes es hablar la innovación como algo genérico. Para lograr que lo abstracto se sienta más concreto es importante definir lo que significa para la empresa, al hacerlo es importante tomar siempre en cuenta la visión de la compañía. También es necesario comunicar esta definición en todos los niveles, el uso de palabras claras, fáciles de entender y sin muchos tecnicismos hará que sea más fácil la adopción de un mismo mapa mental en la compañía.

El espacio: El contexto es tan importante como el contenido. El espacio debe permitir al individuo la libertad de sentir que puede ser sin ser juzgado. Un lugar donde reina el sentimiento de control puede asfixiar la intención natural de innovar. La diversión, el juego y la convivencia invitan a que se cree un ambiente menos coercitivo.

La gente: La innovación se alimenta de la diversidad, esto para empezar significa que, no es común hablar de un rock-star de la innovación, sino de un grupo de individuos que se convierten en piezas clave para la misma. También es importante ir más allá de hablar de los clásicos paradigmas de sexo, edades o nacionalidades, para empezar a hablar de diversidad en estilos de pensar y actuar. Lo anterior quiere decir que es más importante definir los roles y perfiles de innovación necesarios para la empresa más que juzgar si una persona es creativa o innovadora.

El liderazgo: Al igual que con el punto anterior, existen muchos diferentes estilos de líderes, sería una trampa y un error hablar de un sólo tipo “nacido para innovar”. Sin embargo, independientemente del estilo que se tenga, sí existe una característica compartida muy importante: la tolerancia. Es esta característica hace que una persona pueda navegar, sin frustrarse, en un ambiente que permite errores y donde el control es más relajado.

La información: La principal materia prima de la innovación es la información, sin embargo hay que tener cuidado con este punto. Llenar al equipo de datos puede terminar paralizando las acciones estratégicas. Tener datos no es igual que tener información. La información que promueve la innovación va más allá de presentar una realidad cuantitativa y otra cualitativa, para presentar una realidad más profunda a forma de insights. Los datos informan pero no inspiran, los insights sí.

Es necesario entender que la esencia de la innovación está en perder el control y cambiar el enfoque de las expectativas. Descubrir que más que trazar en un mapa hacia un destino fijo, hay que crear un hábitat y dejar que los elementos que lo componen sean los que vayan trazando el camino al éxito, sin perder de vista que en cualquier caso es esencial equipar a esos elementos con las herramientas necesarias para tomar las mejores decisiones.

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